sábado, 4 de abril de 2015

La calesita de la inoperancia

por Christian Macías

Consideraba importante desde hace un tiempo hacer referencia al tema que me convoca hoy a escribir.

Sin embargo, comienzo la jornada de hoy y me encuentro con una nota publicada en el diario El País dando cuenta de la siguiente situación: el peligro que implica para los niños el uso de las calesitas integradoras recientemente instaladas en la ciudad, y accidentes que ya han provocado y están generando controversia.

Entiendo y me parece correcta la postura del partido de gobierno en cuenta la accesibilidad de los habitantes. De hecho, difícilmente podríamos oponernos a la inauguración del Parque de la Amistad, ubicado en el predio del Planetario (en la misma manzana del Zoológico Municipal de Villa Dolores), el pasado martes 24 de marzo, cuya construcción, más allá de su objetivo, no estuvo exenta de problemas (la IM invirtió 45 millones de pesos en vez de los 30 iniciales, por ejemplo).


Sin embargo, no deja de ser sospechosa su inauguración a tan poco de los comicios de mayo.

De hecho, para el Frente Amplio este tema de la inclusión, al que parece darle demasiada importancia en la campaña departamental, percibimos que acaba cayendo en el olvido, y cuando se pretende avanzar el tema (si es que el tema pasó del concebimiento a la realidad, cosa que todos sabemos que es difícil en nuestra ciudad), es la inoperancia la que surge.

Durante una breve relevamiento realizado, recibiendo diferentes folletos con propuestas de sectores del Frente Amplio, se llega a la conclusión de lo que planteado antes era cierto: la inclusión, en el ámbito de los espacios públicos y la recreación es uno de los temas recurrentes de la campaña, ¿pero de verdad se da en los hechos?

El tema de la inclusión, y específicamente los juegos integradores, entonces, se convierten en una de las tantas cortinas de humo presentes en la campaña, otro elemento demagógico.

Mientras que más juegos integradores son instalados, otros aspectos igualmente importantes para la inclusión social de discapacitados no son tenidos en cuenta. Puedo mencionar, por ejemplo, la instalación de semáforos sonoros, que cuentan con un sistema que anuncia cuando pueden cruzar, lo cual es tremendamente beneficioso para los ciegos al mismo tiempo que son económicos, y que por ahora no se ha visto ninguno en la ciudad. Prueba de que se pueden hacer es que la Intendencia de Salto a principios de 2013 implantó dicho sistema por primera vez en Uruguay, con éxito.

Por otra parte, la instalación de rampas en las esquinas no es suficiente, y parte de la inoperancia se da en que algunas obras recientemente inauguradas no las incluyen desde el origen, y en algunas partes de la ciudad la ausencia de veredas y senderos seguros dificulta aún más el desplazamiento de discapacitados en barrios periféricos, aquellos donde la ciudad parece que se termina de repente ("hasta aquí llegó"). ¿Irán en serio las propuestas esta vez?

Ahora vamos específicamente al caso de las calesitas, que no sólo se encuentran en el mencionado parque, sino también en diferentes espacios públicos de la ciudad, lo cual genera cierta preocupación. ¿Acaso los técnicos que trabajaron en la selección del equipamiento no previeron el riesgo que implican las calesitas instaladas para sus usuarios? ¿Cómo es posible? ¿Qué responsabilidad debe asumir la Intendencia hacia los niños que se han lastimado (algunos muy dolorosamente) usándolas?

Podríamos catalogar lo ocurrido como un pequeño despilfarro y otro pequeño revés. Fácilmente podríamos pensar en otros tantos despilfarros y reveses, pero de los grandes. Me estoy refiriendo al Corredor Garzón, cuyo fracaso total o parcial es reconocido por prácticamente todos (excepto por la candidata Lucía Topolansky, cuya insistencia da cuenta qué oscuro sería el rumbo de Montevideo en caso de que gane), así como el del futuro Corredor Gral. Flores y proyectos que, una vez inaugurados, han sufrido correciones a martillazos (a veces literalmente) para que no fracasen.

En el caso que me compete hablar, la solución fue soldar las bases, es decir que las calesitas dejen de ser tales para no ser más que fierros coloreados, sin utilidad más allá de lo estético. En realidad me equivoco, porque al parecer no todas las calesitas de la ciudad sufrieron esta modificación aún, es decir que el peligro sigue latente, y pueden seguir habiendo niños lastimándose, muchas veces sin enterarnos. ¿Qué palabra puede describir esta situación? Inoperancia, falta de eficacia en la consecución de un propósito o fin.

La inoperancia comienza manifestándose en las cosas chiquitas, y si no podemos hacer bien cosas tan simples y pequeñas como esta, difícilmente hagamos bien cosas más grandes, y es lo que está sucediendo con el gobierno del Frente Amplio en Montevideo, cuya continuidad durante otro período difícilmente puede ser explicada con un criterio lógico. Lamentablemente los resultados de las encuestas dan ese escenario como el más probable.

¿Por qué nos tiene que seguir gobernando una administración inoperante?

Quizás muchos piensen que mi postura respecto al tema es exagerada, pero como implica a los miembros más jóvenes y débiles de nuestra sociedad, me genera cierta indignación, pues se ven expuestos al peligro sin ser ni ellos ni sus responsables conscientes (tampoco tienen la culpa). Hay negligencia. No es lo mismo que un pozo en la calle o una vereda rota, porque en dichos casos quien circula por allí puede prever el riesgo.

Pero un aspecto de todo esto que difícilmente los montevideanos conozcan. En una fecha relativamente lejana como agosto de 2012, el edil nacionalista Daniel Martínez Escames puso el grito en el cielo acerca de la importancia de la colocación de juegos para discapacitados motrices, a través de una moción con importante contenido argumentativo (que vale la pena leer).

Dicha moción, la pueden ver al final de esta nota. Nunca tuvo respuesta, pero el resultado es conocido. Claramente a la administración actual, que está llegando a su fin, llevó adelante la instalación de los juegos, incluidas las mencionadas calesitas, y le era muy conveniente que el mérito de los juegos adaptados para discapacitados quedara en su haber (es decir, que cada vez que uno los vea cuando va a la placita barrial o el parque se acuerde que la administración Olivera los instaló, con el valor electoral que esto tiene), desconociendo el trabajo de los integrantes de la Junta Departamental. Seguramente este no sea el único caso.

Mientras escribo esto, seguramente otras tantas "calesitas" giran y giran sin parar, arrojando a algún que otro herido inesperado cada cierto tiempo...

(click en las imágenes para ampliar)



Primera imagen: tomada de la página web de la Intendencia.

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